El que sabe, sabe
Cuando pienso en el ser
humano me lleno de asombro. Somos capaces de cosas maravillosas. Sólo el hecho
de que nuestro corazón lata entre 60 y 100 veces por minuto, es un milagro. Artísticamente, intelectualmente y
físicamente, también hemos roto nuestras propias fronteras.
Habría que practicar más el
“Amor al prójimo”, como nos mostró Max Jacob en su corto pero reflexivo poema.
Hay que empezar a decir basta a la discriminación, a la separación, al odio, y
al terror. Debemos saber que el mal también se encuentra, pero no más que la
bondad, la luz es más fuerte que la oscuridad, y aunque no todos lo saben y
siguen practicando la malicia, llegará el momento de que su destino será estar
cegados por el resplandor de lo bueno.
Ir con la luz no es
casualidad es causalidad. La labor que nos depara es la masividad de la
aceptación de los orígenes propios y ajenos, repudiando disputas que van desde
el poder, la economía, el territorio, y hasta la ideología. Y aunque quizás
muchas veces nos vemos sin buen ánimo por el día a día, estos son motivos, de una de las grandes razónes para celebrar,
mirar al otro, amar. Obsequiar firmeza en
ese apretón de manos y posterior abrazo. Educándonos desde ese respeto,
dando paso al análisis y la valoración de la inmensa variedad de culturas, que
nos mueven y nos atraviesan día a día. Como hizo Piccasso, transformemos
nuestra tristeza en arte, y nuestra ignorancia en el hambre de conocimiento,
que hará que llenemos nuestras almas del mejor alimento: el saber.

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