16.1.24

La Conspiración de Dios

 


Corría el 30 de noviembre de 2020 y Rosa tenía que terminar 3 trabajos prácticos, la limpieza del comedor y el baño de planta alta, darle de comer a pepe el loro, y preparar la ropa de su hijo para que se vaya de visita a lo de su abuela. Se preguntaba a sí misma cómo es que había terminado con tantas ocupaciones, aún más que en el año anterior, donde tenía dos trabajos el primer año de facultad, y seguía siendo mamá desde los 25.

Por las noches rezaba y rezaba mucho, pidiendo que aquella pandemia que azota al mundo llegara a su fin.  

“Hallazgos de un nuevo dialecto en el espacio” Pregonaba el título del diario.

Tímidamente Rosa abrió las páginas y leyó la noticia.

Era posible? La NASA había captado una débil señal desde Hidra, era la constelación moderna más grande, con un área de 1303 grados cuadrados. Hidra tiene varios planetas con estrellas. Y la señal desde ese cuadrante, era débil pero constante. Como un mensaje en un código morse, pero con un dialecto nuevo,  nunca antes conocido.

Rosa cerró el diario y salió al patio, ¿sería verdad? No solo les tocaba atravesar una pandemia que tendría un final sostenido en “Los posibles negocios farmacológicos y políticos” sino que además la humanidad ahora enfrentaría un posible contacto con seres de otra constelación. Las rutinas diarias la sacaban de sus cavilaciones en cuanto a sus creencias tan arraigadas. Pero no se las quitaba por completo. Esa noche no rezó. Cuando se levantó al otro día, no tuvo mejor idea que prender la TV. 

Era oficial una nueva lengua se había descubierto, el “fire hydrant”, o su significado en castellano: hidrante. Bajo una serie de códigos de puntos y ceros, similares al código morse en la tierra, el mensaje había sido descifrado “son bienvenidos”. Y con esto una serie de instrucciones para armar una nave que llevará a la humanidad hasta la constelación. 

Allí podrían establecerse para estudiar la nueva lengua, y las costumbres de los habitantes hidrantes. Nuestra protagonista miraba con desconfianza las noticias, como es que tan amablemente estas criaturas querían tener a la raza humana tan cerca. 

Rosa era periodista, e inquisidora. No dejaría pasar oportunidad para cubrir este evento. 

A las 3 de la mañana del 4 de diciembre de 2020, escuchó que alguien golpeaba la puerta. Era muy extraño que en épocas de aislamiento alguien fuera a verla, siempre hacia su trabajo de manera remota. Y además eran las 3 de la mañana. 

Abrió con el pasador de cadena que tenía. Era su colega del trabajo

-¡Hola! Perdón la hora. Esto es urgente. ¿Puedo pasar?

-eeee, si, si no queda otra.

Su colega pasó tímidamente, pero parecía que estaba muy nervioso.

-Que paso? Pregunto aún más nerviosa. 

-Todo esto está mal, tengo una fuente que me dice que es una trampa.

-Como una trampa?

-Sí sí, sé que tienes que cubrir el evento desde la central de la NASA, pero las personas que van a ir allí corren peligro.

-Por qué? Que te dijo tu fuente?!!

-Que las personas que irán ahí no van a estudiar la nueva raza, van a ser estudiados. 

No salía de su asombro, aunque su instinto le había dicho que algo andaba mal. Si la humanidad sería estudiada no tendrían opción, muchas de las personas de la tierra eran detestables, desde Feiman hasta Burlich, desde los terraplanistas hasta los que sacrificaban lirones en nombre de la moda. 

-Ok- dijo Rosa- llevaremos esto hasta las últimas consecuencias. Toda la humanidad debe saber!

-¡¡No!! Ese es el problema! Mandatarios de los más altos rangos están implicados! ¡Son ellos los que propusieron a estos hidrantes enviar humanos a Hydra para su estudio y posterior aniquilación!

Rosa quedó estupefacta. ¿a quién recurriría? 

La respuesta después de todo fue simple: a Dios. Debía encontrar una forma de comunicarse con él para poder decirle lo que estaba pasando. Solo él podría detener esta locura. Lejos de pensar que debía recurrir a un sacerdote, o porque no al Papa, pensó en algo más sencillo. Tenía hasta mediados o fines de diciembre para lograrlo. Fue así que con el mayor de los aplomos, y una calma bastante extraña se arrodilló frente al pequeño altar que tenía en su habitación. Noche tras noche rezo, espero, y espero.

Cuando finalmente el 24 de diciembre de 2020 se anunció a todos los periodistas que debían viajar a la NASA, esa noche como todas las noches se arrodilló frente al altar. 

Luego de unos minutos de empezar a rezar,  una luz blanca empezó a emanar del techo. Miró hacia arriba y de pronto escuchó una voz.

-Querida Rosa, no podrás impedir que la nueva civilización estudie a los terrícolas. Yo envié esta botella en este mar de constelaciones. 

-Porque Dios mio? ¡Los enviados morirán! 

-No querida mía. Los enviados son para un propósito mayor. Una lección. No morirán, solo trascenderán, en función de un plan mayor. 

Esta conspiración es mi conspiración. Luego de esto, la humanidad deberá elegir nuevos mandatarios. Porque ellos serán enviados a Hydra, serán estudiados para no volver a repetir historias. Que hayas rezado cada noche me dio el permiso de hablarte, y de contarte la verdad. Pero solo vos y yo lo sabemos. 

Rosa se fue a descansar. Antes de dormirse dijo “Amén”


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